Esta es un de las piedras básicas para llevar a cabo cualquier proceso de transformación digital, y como cualquier hoja de ruta tiene que tener un inicio y un final, un punto de partida y un destino, saber donde estamos y cuál es nuestro objetivo.
Para recorrer este camino es necesario hacer una inversión de recursos, tiempo, económica, etc. y formar un equipo de trabajo multidisciplinar que tenga claro cual es su papel y su dedicación al proyecto, así como los objetivos que se esperan conseguir con el mismo. Si esto no se hace de forma correcta, estamos incurriendo en un alto riesgo de que el proceso de digitalización sea un fracaso.
Una de las primeras cosas que nos tenemos que plantear e incorporar en la hoja de ruta es ¿qué es para nuestra empresa la digitalización? ¿qué queremos conseguir?, ya que el concepto de digitalización es muy amplio y abstracto, todo el mundo habla de él pero es necesario «aterrizarlo» para aplicarlo en el día a día.
Para esto, es fundamental que la Dirección empuje y esté convencida del cambio, de lo contrario el fracaso llamará a nuestra puerta.

A partir de aquí, y definidas las líneas maestras y estratégicas, podemos empezar a desarrollar nuestra hoja de ruta, para posteriormente transformarla en cosas concretas del día a día, sin olvidarnos incorporar en el grupo de trabajo a personas que conozcan los procesos diarios a la perfección, que tengan ganas de evolucionarlos de una forma diferente y que, a la hora de la implantación, sean los motores del cambio.
La transformación digital no puede ser únicamente un concepto, tiene que ser un proyecto y hay que desarrollarlo como tal
Tweet
Llegados a este punto tenemos que empezar por el análisis de lo que tenemos, recopilar ideas para el cambio, saber si tenemos o podemos tener nuevas herramientas, y/o hacer nuevos desarrollos, analizar los tiempos para el cambio, así como el coste y el beneficio (tangible y no tangible), empezar a priorizar acciones y establecer un calendario de implantación de las mismas.
Como siempre, es importante que toda la organización sea conocedora del proyecto, se informe periódicamente de la situación del mismo y permitir la posibilidad de que se aporten nuevas ideas para ser estudiadas y valoradas en el equipo de trabajo.
Evidentemente, es necesario en estos proyectos aplicar metodologías ágiles, que nos ayudarán mucho en la gestión de los mismos.
Además, recuerda que la hoja de ruta es algo que debe estar vivo, por lo que hay que ir incorporando a la misma nuevas necesidades, eliminar o modificar cosas que por determinados motivos no son necesarias o son diferentes respecto al momento de su incorporación.
Y por último, y no por eso menos importante, recuerda que siempre tiene que existir un equipo de mantenimiento, ya que a día de hoy las cosas evolucionan tan rápidamente que los cambios y la evolución tienen que ser constantes, de lo contrario todo el proceso de transformación digital terminará obsoleto.
Cuando te han hablado o presentado un proyecto de transformación digital ¿has podido ver una hoja de ruta del mismo?
